UN HECHO QUE NO DEBIÓ OCURRIR Y QUE REFLEJA INCOMPETENCIA DE FUNCIONES. Por: Fidel Carlos Flores*

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A primeras horas por colegas (vía WhatsApp) me enteré del rumor de un insólito robo de símbolos presidenciales (medalla y banda presidencial) en el Alto de La Paz (Bolivia), poco tiempo después me pasaron otros datos: alta de denuncia respectiva y la grabación en video de un local nocturno.
Una hora después, un comunicado oficial del Ministerio de Defensa, traducía la veracidad del atípico suceso por el contexto y lo que refleja, se adjuntaban más documentos.
Se trataba del testimonio ante la policía, de un oficial militar que transportaba los símbolos republicanos de La Paz a Cochabamba, los cuales habían sido robados la noche anterior.
Según la declaración policial el teniente había llegado al aeropuerto de El Alto a las 18:40, donde perdió su vuelo, por lo que esperaría el siguiente.
Me bajé del vehículo no sin antes tapar mi mochila color negra con una colcha (cobija), para luego dirigirme a los locales de la avenida 12 de octubre. Ingresé a varios de esos locales (prostíbulos), para luego retornar a donde había dejado mi motorizado. Cuando llegué mi mochila había sido sustraída, conteniendo en su interior los símbolos patrios“, explicaría en su versión Roberto Ortíz B.
Unas horas después –en pleno escándalo y difusión mediática- ambos objetos fueron encontrados en el atrio de la iglesia de San Pedro en La Paz, previo una llamada telefónica que advertía dejarían allí una bolsa con dichos símbolos.
Más allá del sui generis evento (emblema que legó Simón Bolívar a la patria) repito independientemente de que haya sido o no una réplica, el hecho nunca debió ocurrir.
La noticia en estos momentos recorre el mundo por lo increíble y jocoso de su circunstancia, sin embargo no deben existir pretextos, ni subterfugios para minimizar el robo y la recuperación. El hecho en sí mismo, refleja improvisación, incapacidad, falta de compromiso, manejo desaseado y una cadena de mando torpe y endeble. En esta lógica –seguramente- solo castigaran al joven militar, pero a los jefes superiores o autoridades involucradas, no.
Desaciertos como éstos existen en otras dependencias oficiales y deben ser señaladas con rigor en su momento. Hace varios años abordé el tema bajo el título: “Incapacidad, connivencia y ausencia de autocrítica en sectores de la administración pública boliviana”, allí en un fragmento escribí: El maestro y periodista mexicano Jenaro Villamil (Proceso), al analizar Bolivia indicó que “En general el proceso es interesante, por sus logros económicos y políticos, pero en materia de comunicación institucional y otros que observo, deben profesionalizarse, aprender de sus errores, superar anomias (internas/externas) y sobre todo, insisto deben ser autocríticos”.
Suscribo tal afirmación, la autocrítica debe ser más rigurosa y la selección de funcionarios, responsable ya que afecta aciertos logrados, además de dañar la imagen del país en el exterior.
(*) Periodista y economista
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